Artista: Edith Pons.

Título: Príncipe de la Milicia Celestial.

Año: 2025.

Medio: Óleo sobre lienzo en bastidor.

Dimensiones: 200 × 150 × 4 cm.

Edición: Original, uno de uno.

Ubicación de la creación: Ciudad de México.


Descripción:

Princeps Militiae Coelestis posiciona a San Miguel, venerado durante mucho tiempo en el arte occidental como el protector, juez y comandante del anfitrión celestial, dentro de un lenguaje visual contemporáneo que honra la tradición al tiempo que amplía su alcance emocional. La figura central, representada con una radiante armadura de oro y envuelta en un amplio manto carmesí, ancla la composición con un sentido de autoridad e intensidad tranquila.

 

Basándose en el dinamismo barroco y el clasicismo académico, Edith Pons emplea el movimiento controlado, la profundidad atmosférica y los detalles meticulosos para revitalizar esta iconografía sagrada. Los dos ángeles acompañantes forman una estructura triádica estabilizadora, amplificando la narrativa de la tutela y el orden celestial.

 

Con dos metros de ancho, la pintura se concibe como una pieza de declaración: inmersiva, arquitectónica y resonante con un sentido atemporal de gravedad moral y simbólica. Se encuentra como una obra característica dentro de la exploración continua de Pons de arquetipos míticos y narrativas espirituales, lo que lo convierte en una adición convincente para los coleccionistas que buscan tanto la continuidad histórica como la fuerza contemporánea.

Príncipe de la Milicia Celestial

Príncipe de la Milicia Celestial

Artista: Edith Pons.

Título: Príncipe de la Milicia Celestial.

Año: 2025.

Medio: Óleo sobre lienzo en bastidor.

Dimensiones: 200 × 150 × 4 cm.

Edición: Original, uno de uno.

Ubicación de la creación: Ciudad de México.


Descripción:

Princeps Militiae Coelestis posiciona a San Miguel, venerado durante mucho tiempo en el arte occidental como el protector, juez y comandante del anfitrión celestial, dentro de un lenguaje visual contemporáneo que honra la tradición al tiempo que amplía su alcance emocional. La figura central, representada con una radiante armadura de oro y envuelta en un amplio manto carmesí, ancla la composición con un sentido de autoridad e intensidad tranquila.

 

Basándose en el dinamismo barroco y el clasicismo académico, Edith Pons emplea el movimiento controlado, la profundidad atmosférica y los detalles meticulosos para revitalizar esta iconografía sagrada. Los dos ángeles acompañantes forman una estructura triádica estabilizadora, amplificando la narrativa de la tutela y el orden celestial.

 

Con dos metros de ancho, la pintura se concibe como una pieza de declaración: inmersiva, arquitectónica y resonante con un sentido atemporal de gravedad moral y simbólica. Se encuentra como una obra característica dentro de la exploración continua de Pons de arquetipos míticos y narrativas espirituales, lo que lo convierte en una adición convincente para los coleccionistas que buscan tanto la continuidad histórica como la fuerza contemporánea.